sábado, 16 de febrero de 2013

Reescribir el final.



No te recuerdo y sin embargo no te olvido,
en el tren de lo pasado, lo vivido, resulta familiar.
El paisaje. Los árboles verdes, los anocheceres levemente sonrojados, abrumados, nos encontraban meciéndonos en sus manos. 
Como lobos cantando a la luna, solo quería una noche más.

Fue como enseñarle a un niño el mar, 
por primera vez, magnifico, 
glorioso ante sus ojos incapaces de contemplar su intensidad. 
Una intesidad que solo un alma cándida podía recoger.

¿Cómo sabe en tu boca el remordimiento?, me pregunto en silencio. 
¿Sigue teniendo para ti color el viento?
Aún recuerdo el aroma que desprendía tu piel.
Aún remueves mis sentimientos,
amargos, 
me sorbes la yel.

Harta de cantarle, loba infeliz, a la luna,
de buscar claros en el cielo con mis uñas. 
Mi cabeza se arrodilla al corazón. 
Tantas veces maltratado, tantas veces subestimado, sin clemencia ahora humilla a la razón.

He decidido, que mis versos no pidan más perdón. 
Por una culpa que la lluvia ha borrado, que el fuego a cenizas a reducido.
Por una tristeza loca que sin fundamento persiste, habita el corazón,
pudriendo todo a su alrededor me consume,
y envenena de temores la razón. 

Odioso pulso cabeza y corazón.

 Harta de mandarle señales de humo a las nubes, 
he arrastrado mis huesos a esta conclusión.


Los recuerdos para mi ya no existen.
Reescribiendo esta historia he de decirte: Ya no pido más perdón.