lunes, 4 de febrero de 2013

Si quieres, sin mi, si puedes


Déjale, que viva su historia de amor,
esa en la que la princesa un día fui yo.
Que me encargué de protagonizar
todas y cada una de sus penas, todas y cada una de las noches
en las que como una gata en celo, maullé en su tejado,
él como un pájaro encerrado,
le cantaba a la luna por verme de nuevo en su cama desnuda.
Déjale, que vuelva a contar las espinas de las rosas,
mientras que encuentre en cada una el aroma que le haga vivir,
si le dejan.

Que camine entre las sombras del pasado,
pensando que es un nuevo día si lo prefiere,
que sueñe con nuevos amaneceres
mientras cada tarde cuando el sol se esconde
por un momento su cabeza responde:
Tu corazón le pertenece a ella.

Déjale, que me vea en los espejos,



de los bares, de los trenes, de las calles,

dónde ahora de la mano va con ella.
Si el amor es lo que buscaba, déjalo, que lo sueñe con ella.
Déjale que como el viento le roce en los días lluviosos,
que el sabor a ceniza le recuerde a mi cuerpo,
que piense en mi a cada momento,
en el que la besa a ella.

Déjale, que me niegue cuanto quiera,
si soy dueña de su subconsciente,
déjale que le susurre al odio que ella es su metadona,
si yo sigo siendo su verdadera droga.
Déjale engañarse si eso es lo que quiere,
que sacien su hambre de mi, las manos de ella.
Si cada vez que la mira, se sorprende pensado en mi,
que mate su amor, y ahogue en alcohol, sus penas.

Que llore mis ojos, porque los ha perdido,
que lloren los suyos porque ya no son mios.
Que piense que hoy volverá a ser mañana,
que puede vivir sin mi, si eso es lo que intenta.
Déjalo, pobre, que sienta,
un poco de lo que yo ya he sentido.

Déjalo, que no sea mio