domingo, 7 de abril de 2013

Llueve sobre mojado

Apaga la luz, no cierres la puerta.
Abre los ojos, ¿no te das cuenta?
A penas has llegado y ya me hueles a ausencia.
Me paro a escucharte pero ya no contestas. Ecos de palabras dulces, palabras que no contentan. Cantan ahora los pájaros el réquiem de este amor que se ha refugiado en la tormenta. Huidizos besos ahora me exigen que despierte, de las garras de Morfeo, de las llamas del deseo, de tu piel y mi piel.
No hablo de brujería, son cosas de mujer.

Irremediablemente prisionera de tus ojos, a fuego tu nombre grabado en mi mente. En las paredes de este manicomio en el que has convertido mi cuerpo ya no se escucha más que el tiritar del viento, correr al tiempo, dale cuerda a mi reloj no dejes que pase lento.
Si mi vida se resume en ti, resucitar y tormento.


Llueve sobre mojado cuando despierta en mi el rencor, llueve sobre mojado cuando todavía llorando por ti me sorprendes, llueve sobre mojado, sigo sintiéndome aquella cría.
Llueve sobre mojado, cuando vuelvo a arañarme el corazón. Llueve sobre mojado, cuando despierto sollozando en un rincón, tu pasado, mi pasado, tan solo una ilusión.
Dos perfectos extraños, guardando el mismo amor.

Apaga las luces y cierra la puerta.
Se extiende el vacío entre tú y yo.